Los países apoyan la elaboración de una estrategia posterior a 2030 para acabar con la tuberculosis
La Asamblea ha aprobado hoy una decisión en la que se pide al Director General que elabore una estrategia para la tuberculosis posterior a 2030, en consulta con los Estados Miembros y las partes interesadas correspondientes, con miras a presentarla a la consideración de la 81.ª Asamblea Mundial de la Salud en 2028.
La nueva estrategia permitirá orientar la futura respuesta mundial a la tuberculosis, teniendo en cuenta los nuevos avances científicos y las tendencias epidemiológicas actuales. La estrategia reforzará el estrecho alineamiento con la atención primaria de salud, el avance de la cobertura universal de salud y las agendas de seguridad sanitaria mundial, en preparación para la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas sobre la lucha contra la tuberculosis que tendrá lugar en 2028.
La Asamblea también examinó un informe sobre la aplicación de la actual Estrategia Fin a la Tuberculosis en el que se ponían de relieve tanto los avances como las dificultades a ese respecto. Entre 2000 y 2024, la ampliación del tratamiento de personas con tuberculosis permitió salvar aproximadamente 83 millones de vidas; por su parte, en 2024 se registraron el primer descenso en la incidencia de la tuberculosis tras la pandemia y los niveles de acceso más altos hasta la fecha a los servicios esenciales contra la tuberculosis.
A pesar de esos avances, la tuberculosis sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más mortíferas, y las metas mundiales en el marco de la Estrategia Fin a la Tuberculosis y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible no van por buen camino. Ello se debe a la escasez crónica de financiación, las perturbaciones relacionadas con la pandemia, la desigualdad, los conflictos, los desplazamientos de población relacionados con el clima y la vulnerabilidad.
La Asamblea reconoce la esteatosis hepática como un gran y creciente reto en la lucha contra las enfermedades no transmisibles
Hoy, los delegados han aprobado una resolución en la que se reconoce la importancia de la esteatosis hepática y su contribución cada vez mayor a la carga mundial de enfermedades no transmisibles (ENT). La esteatosis hepática, anteriormente conocida como enfermedad del hígado graso, afecta a unos 1700 millones de personas en todo el mundo y es una de las causas de enfermedad hepática crónica que más rápido está creciendo a escala mundial.
Esta afección está estrechamente vinculada a la obesidad, la diabetes de tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y otras afecciones metabólicas; por su parte, la hepatopatía asociada al alcohol sigue contribuyendo sobremanera a la carga global. Sin prevención ni atención eficaces, la esteatosis hepática puede progresar a fibrosis hepática, cirrosis y cáncer de hígado, ejerciendo así una presión creciente en los sistemas de salud de todo el mundo.
En la resolución se insta a los Estados Miembros a integrar la esteatosis hepática en las estrategias nacionales sobre las enfermedades no transmisibles, fortalecer los enfoques basados en la atención primaria de salud, aumentar la vigilancia y la sensibilización, y promover la acción multisectorial abordando los factores de riesgo compartidos con las enfermedades no transmisibles, como la alimentación poco saludable, la inactividad física y el uso nocivo del alcohol. También se insta a reforzar el acceso a los servicios de prevención, tamizaje, diagnóstico y manejo, especialmente para los grupos de población de mayor riesgo, entre ellos los niños y los adolescentes.
En la resolución también se pide a la OMS que integre la esteatosis hepática en las iniciativas en curso de prevención y control de las enfermedades no transmisibles, preste apoyo técnico a los países que lo soliciten, fortalezca la colaboración con los asociados pertinentes e informe cada dos años de los progresos realizados como parte de la agenda mundial más amplia sobre las enfermedades no transmisibles.
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Los países prometen prestar apoyo a las personas que viven con hemofilia y otros trastornos hemorrágicos
Los Estados Miembros han respaldado hoy en la Asamblea Mundial de la Salud una resolución en la que renuevan su compromiso con la acción sobre la hemofilia y otros trastornos hemorrágicos, para subsanar las principales deficiencias en cuanto a diagnóstico, tratamiento y atención a nivel mundial. Se calcula que casi el 70 % de las personas que viven con hemofilia siguen sin diagnosticar.
La hemofilia y otros trastornos hemorrágicos alteran la capacidad del cuerpo de coagular correctamente la sangre, causando hemorragias prolongadas tras un traumatismo o una intervención quirúrgica y, en casos graves, episodios de hemorragia espontánea. Sin un diagnóstico oportuno y una profilaxis adecuada, estas afecciones pueden causar complicaciones graves de salud, discapacidad y una disminución de la calidad de vida.
Esa resolución constituye una medida concreta para subsanar las desigualdades que durante tanto tiempo ha padecido una comunidad a la que a menudo no se ha tenido en cuenta en las políticas de salud a escala mundial. Representa un amplio reconocimiento de la hemofilia, la enfermedad de von Willebrand y otras deficiencias raras de factores de coagulación.
Mediante esa resolución, los Estados Miembros se han comprometido a reforzar el acceso al tratamiento y la atención para las personas con trastornos hemorrágicos en todo el mundo. Los países también han asumido el compromiso de integrar el tratamiento de los trastornos hemorrágicos en sus políticas nacionales sobre enfermedades no transmisibles, atención primaria de salud y políticas de salud materna, así como de reforzar la capacidad de diagnóstico y asegurarse de la oportuna derivación de los pacientes a centros especializados en el tratamiento de esas afecciones.
La resolución alienta además la inclusión de tratamientos vitales, en particular los concentrados de factores de coagulación y los tratamientos novedosos no basados en factores, en las listas nacionales de medicamentos esenciales. También se alienta a los Estados Miembros a reforzar la recopilación de datos a nivel nacional y promover la sensibilización para contribuir a combatir la estigmatización y mejorar la comprensión de los trastornos hemorrágicos.
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Los dirigentes mundiales se unen para hacer frente a la información errónea y la desinformación en relación con la salud con el objetivo de restablecer la confianza en la ciencia
La Asamblea ha celebrado hoy una mesa redonda estratégica sobre información errónea y desinformación en relación con la salud, que ha reunido a un variado grupo de alto nivel compuesto por responsables de gobiernos, organizaciones internacionales, la comunidad científica, la sociedad civil, los jóvenes, el sector privado y los medios de comunicación.
En ese acto se subrayó la urgencia y la pertinencia del problema a nivel mundial, y se puso de manifiesto la existencia de un consenso firme con respecto a que la información errónea y la desinformación «no representan solamente un reto para la comunicación», sino que son una amenaza creciente para la salud pública que socava la prestación de intervenciones de salud eficaces. Desde distintas perspectivas, los participantes subrayaron la necesidad de que se estableciera una colaboración multisectorial y se realizara una inversión sostenida en ecosistemas de información resilientes. También destacaron el papel fundamental de la OMS para convocar a los asociados y ofrecer orientaciones normativas.
Los participantes compartieron experiencias prácticas y estrategias a nivel de país para reforzar la integridad de la información, con inclusión de enfoques que abarcan a todas las instancias gubernamentales, participación comunitaria y comunicación transparente para generar confianza. Los oradores subrayaron la importancia de empoderar a los trabajadores de la salud y las voces comunitarias fiables como respuestas de primera línea ante la información errónea y la desinformación, y de aprovechar las redes científicas para garantizar la difusión oportuna y creíble de las pruebas científicas.
De cara al futuro, las prioridades más importantes son invertir en la calidad de la información sobre salud, pasar de reaccionar con una corrección ante la aparición de información errónea a asumir un compromiso proactivo, e intensificar la colaboración con las principales partes interesadas, como las plataformas tecnológicas y las comunidades de usuarios finales.
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